Si te quedas donde estás, tarde o temprano terminarás amargad@. Frase ideal para conseguir que nadie siga leyendo, ¿Verdad? No tengo más remedio señora, qué le voy a hacer si creo que tengo toda la razón del mundo cuando apoyo esta reflexión. Hoy quiero hablarte de la zona de confort, aquel perímetro imaginario, aquel límite medio claro en la teoría y completamente difuso en la práctica.

Llevo unas semanas con la maldita zona de confort repitiéndose en mi mente tanto como si hubiera comido ajo y al toser el resto del planeta lo sospechara. Presente en conversaciones y como no, presente también en mis decisiones más recientes, o eso creo. Me planteo frases como: ¿Esto que estoy haciendo supone salir de mi zona de confort?, ¿Y si cambio esto, también supone salir de la zona de confort?, Sin embargo, lo que más me pregunto es: “¿Qué cojones es la zona de confort?, ¿Por qué hay tantos que hablan de ella y siempre dicen lo mismo?”

La zona de confort; qué es y por qué no hay dos iguales

Deduzco que mi zona de confort es levantarme todos los días y hacer lo mismo una y otra vez sin sentir la necesidad de cambiar. Mi zona de confort es la conformidad con el entorno que he creado a mi alrededor, es decir, que no me toquen el trabajo, que no me toquen el sueldo, la paga o la pensión, por fea, grande o insuficiente que sea, que no me pidan emprender aventuras nuevas o que no me toque cambiar de país, que así se supone que voy tirando, medio feliz y contento con la vida que me ha tocado, ¿No?

Eso debe ser la zona de confort; el estado al que nos acostumbramos y del que no esperamos nada nuevo porque creemos que así estamos bien, aunque realmente no sea cierto y seamos conscientes de ello e incluso infelices. No hay dos zonas iguales por la sencilla razón de que no hay dos personas ni puntos de vista iguales, lo que yo te diga ahora puede que no te resulte aplicable en tu vida, pero sí espero que sea mínimamente útil como para moldearlo y sacarle algo positivo para tu caso particular.

La zona de confort es un término que se puede simplificar

Para mí, y sabiendo que te escribo desde la más absoluta subjetividad, querer salir de la zona de confort es simplemente contemplar el nivel de agallas que tiene uno/a en cambiar aquello que le retiene y no le deja crecer como persona, pero aquí entramos en un tema delicado; crecer como persona, desde mi punto de vista, no es en absoluto aprobar una oposición y conformarme con una mesa y una silla durante mis 35 años restantes de vida laboral, para mí eso no es vida, igual para ti sí, respetable en cualquier caso.

¿Lo consideraría un triunfo laboral? Si se enfoca desde un punto de vista en el que se traduzca esta nueva oportunidad como una posibilidad para seguir promocionando internamente y crecer como persona, sí. Si solo se contempla como la garantía de cobrar un sueldo medio para el resto de mi vida, no en absoluto, yo quiero más variedad, libertad, riesgo y mejor sueldo.

¿Salir de la zona de confort?

He buscado por la red, he leído artículos y la mayoría de ellos dicen exactamente lo mismo, dicen que si queremos salir de la zona de confort hay que ir haciendo pequeños cambios en nuestras vidas para ir sintiéndonos mejor con nosotros mismos, poco a poco. Diminutas muestras de cambio que provocarán una variación importante en nuestro interior. No sé tú, pero yo me quedo igual de insatisfecho.

¿De qué me sirve conocer gente nueva y socializarme los fines de semana si lo que realmente quiero es matar los lunes a mi encargado por hijo de puta?, ¿Por qué tengo que buscar la forma de ser feliz por otra parte y así no mantener esa rabia en el trabajo?, ¿Para qué quiero comprar libros de superación si me considero una persona infeliz al ver mi figura en el espejo?, ¿Por qué y cómo debo dedicar más horas a mis aficiones si no tengo tiempo físico en este universo para hacerlo a no ser que sacrifique mis ya mermadas horas de sueño? Creo que lo de los pequeños cambios se lo dejaré a aquellos cuyas vidas son “casi perfectas. “

Las soluciones verdaderas no contemplan la zona de confort, porque ésta desaparece instantáneamente, por eso tenemos miedo y no nos arriesgamos.

Hay que echarle lo suyo para tomar decisiones de verdad, que no son tan fáciles como parece y que, hechas una vez, no hay marcha atrás ni arrepentimiento que valga. Admito que no son pocas las veces en las que me he visto al borde de ese dilema, y no he sabido dar el paso, literalmente me he acongojado, pero lo considero como el mejor entrenamiento posible.

¿Estás fuera de tu peso y ese pensamiento te tiene amargado hasta el punto de haberte cambiado el carácter? Joder, sé sincer@, ¿Qué es lo primero que te dice tu mente al plantear ese problema? Exacto, deja de comer y haz deporte. Saca los huevos, nunca mejor dicho, y sal a caminar, dentro de unas semanas trotarás y después ya correrás. Que te digan que no puedes y les respondas: mira como lo hago, gilipollas.

Pero déjate de leer libros, escuchar audios de motivación y dedicar horas a temas que no están relacionados directamente con el problema. Creo que el dilema que tenemos, en muchas ocasiones, se debe a falta de huevos, para mí eso sí es crecer como persona. Nos escudamos en las responsabilidades que dejaríamos desatendidas si tomásemos esas decisiones, nos escondemos en excusas sin un sentido real, argumentos pobres y fácilmente rebatibles, pero hazte esta pregunta:

¿Realmente prefieres seguir con ese problema hasta el día en el que te lamentes porque ya no puedas hacer nada por solucionarlo?

Llegará un día en el que ya no puedas hacer nada, entonces te lamentarás. Será demasiado tarde para tomar decisiones, demasiado tarde para cambiar y brindarte una nueva oportunidad de disfrutar aquello que crees que mereces. Supongo que alguna vez en tu vida dijiste basta, y me gustaría que intentaras recordar la sensación que te recorrió el cuerpo; intuyo que fue un subidón por haberte quitado un peso de encima. ¿Por qué no repetirlo?

Sal de la zona de confort de la única forma posible: Tomando decisiones reales. Y recuerda:

La vida comienza donde termina tu zona de confort.

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